El quebrantahuesos mezcla mito y montaña: un ave de pecho arcilloso y alas negras que ha sido fénix en Etiopía, fuerza y sabiduría en los Pirineos, y demonio alado en los miedos medievales. Su vida, sin embargo, es menos oscura y más paciente: nidifica cerca de rompederos donde deja caer huesos para alimentarse, construye nidos enormes y cría solo a uno de los dos pollos que nacen, mientras parejas —o tríos— se forman y se reparten roles con una naturalidad que desbarata nuestras categorías. Los jóvenes vagan durante años antes de asentarse, exponiéndose a venenos, disparos y tendidos eléctricos, su mayor amenaza hoy. Y aun así, sobrevuela los valles con esos casi tres metros de envergadura que imponen respeto y devuelven la magia a nuestras montañas, recordándonos por qué está en peligro… y por qué merece seguir cayendo fuego desde el cielo.