PROCESOS

Esta vez, no habrá introducción ni resumen, pero, ya que has llegado aquí, sigue leyendo. Entenderás por qué esta es la página más importante de toda la web. Gracias por tu tiempo, y por tu curiosidad 🙂

Los pasos que no se ven

Nos han enseñado que la belleza, en algunos escenarios, no importa. A no ser que esté destinada a cumplir un objetivo funcional, práctico, racional.

Pero aquí no está sola. Aquí también cuenta la manera en que se ha llevado a cabo y los aprendizajes que podemos apropiarnos por el camino. Aquí también cuentan las emociones que se han experimentado, las dudas, las inyecciones de energía, las inseguridades, el riesgo que se asume al lanzarse a dibujar un detalle de un dibujo en vez de conformarse tal y como está… aunque a veces va en favor de ese resultado final, pero, a veces, no.

Valorar los procesos es percibir la belleza, devolver la calma al tiempo, redistribuir el apego, y el desapego, entre lo que conservamos físicamente y lo que se disuelve tras firmar la obra.

Tres o cuatro horas.

Primera investigación

Cuando recibo un encargo, comienzo buscando muchísimas fotografías, de todas los ángulos y poses posibles, con detalles específicos en las plumas, el pico, los ojos, las garras… Todo ello se quedará guardado en una carpeta, mientras en mi cabeza se dibuja el modelo perfecto: ¿cuáles son los elementos que sí o sí deberían aparecer para que reconozcamos a esa especie y no podamos confundirla con cualquier otra?

Una o dos horas.

Primer boceto

Mezclando todas esas fotografías y revisando alguna que otra guía con ilustraciones científicas, comienzo a bosquejar a quien será nuestro protagonista.

Hasta dos horas.

Elección del boceto

Generalmente, hago dos o tres versiones de bocetos, para que seáis vosotras las personas que decidáis cuál os gusta más y me digáis si falta algún elemento importante para vosotras. Si fuera así, habría segundos bocetos. Pero al final siempre acabáis pidiéndome opinión, porque sois más majas que las setas.

Quince o veinte minutos.

Del boceto al papel

Repito el boceto, pero esta vez a mano y sobre un papel que pueda rayajear, cuadricular, cortar y anotar. Recorto la figura, quedándome con el fondo, y la paso suavemente con papel de calco al papel de acuarela, para que no se queden más marcas de las necesarias.

Entre cuatro o diez horas.

¡Manos a la pintura!

Lo anterior es divertido, pero esta es, claramente, la parte que más mola. Pincel, colores, agua y una buena luz se juntan con los movimientos de mi brazo para destrozarme la vista intentando hacer el máximo detalle posible. Y el ojo siempre lo haré al final.

Entre cuarenta y sesenta minutos.

Digitalización del trabajo

Esta fase solo la hago si me acuerdo. Y ya sabéis que a veces las prisas juegan en nuestra contra, así que no sabéis la rabia que da eso. Pero consiste en escanear la ilustración, entera o por partes, y unirlas en photoshop, intentando mantener fielmente los colores. (cosa que nunca va a ser sencilla).

Dos o tres horas.

Segunda investigación

Esta a veces ya se adelanta en la primera investigación, pero ahora nos centraremos en las historias y los vernáculos, las representaciones sociales de esas especies, sus costumbres, su ecología, su etología, sus amenazas. Todo esto se transformará en una carta que acompañará a la ilustración allá adonde vaya.

Una hora o una hora y media.

Empaquetado

Esta es otra fase preciosa. Escribir la carta a mano, firmar cuidadosamente la lámina, envolverla para que no se manche ni se roce, adjuntar una pequeña sorpresa, ponerle unas tapas de cartón reutilizado para que no se doble por el camino y cerrarlo todo con un cordoncito amarillo anaranjado que pide a gritos que lo abráis para ver si os gusta.

En total, un pedido puede llevarme hasta...

0 horas

de trabajo, de emociones, de aprendizajes, de frustraciones, de decisiones y de disfrute.

Las especies que no se miran

Vivimos en una sociedad antropocéntrica. El sistema en el que nos han educado está mayoritariamente centrado en el ser humano, sobre el que todo debe girar. Valoramos de forma diferente a unas especies que a otras: gatos y perros son amados y protegidos, pandas y koalas son antropomorfizados y mediatizados, vacas y cerdos son explotados e industrializados, zorros y lobos son cazados y polemizados y ratones y cucarachas son odiados y exterminados. Mientras, la pérdida de biodiversidad y los delitos ambientales amenazan nuestra supervivencia en el planeta. Pero, detrás de todo ello, hay procesos psicológicos que podemos cambiar.

Ilustrar otras especies animales es acercarnos a formas diferentes de vida, de percepción, de experiencias. Es sacarnos del centro de la ecuación, desimportarnos. Es valorarlas y protegerlas en los contextos en los que han de estar.

Estereotipos

A animales como ácaros, cucarachas, arañas, ratas o serpientes les atribuimos malas intenciones y bajas capacidades cognitivas y emocionales. Los percibimos como dañinos y peligrosos y pensamos que es mejor matarlos. A otros, como a los perros, los caballos o las ballenas, los protegemos.

Invisibilización

Desindividualizamos a animales como a los peces, contándolos por toneladas y llamándolos «pescado», transformándolos hasta no saber qué son, de dónde vienen ni en qué condiciones viven.

Carisma ecológico

Nuestros sentidos filtran los animales que percibimos, según color, tamaño, forma, velocidad, tipo de movimiento o ritmo biológico. Captamos mejor a las aves o a las mariposas, vistosas y pausadas; y pasan más desapercibidos los que se camuflan, se mueven demasiado lentamente o viven bajo el agua.

Carisma estético

Nuestros sentidos filtran los animales que percibimos, según color, tamaño, forma, velocidad, tipo de movimiento o ritmo biológico. Captamos mejor a las aves o a las mariposas, vistosas y pausadas; y pasan más desapercibidos los que se camuflan, se mueven demasiado lentamente o viven bajo el agua.

Significados simbólicos

Las características visuales, como apariencia y comportamiento, pueden generarnos una respuesta muy intensa. La mirada frontal fundiona mejor que la lateral y los colores, mejor que los tonos discretos.

Objetivización

Las representaciones culturales sobre algunos animales se transmiten de generación en generación. En películas, cuentos o banderas, se dice que las águilas son valientes, nobles y generosas, pero que los buitres son cobardes y ladrones.

Percepción de amenaza

La amenaza puede ser realista (si pone en peligro nuestros bienes o salud) o simbólica (cuestiona nuestras cerencias y estructuras ideológicas). Aunque no haya evidencias de una amenaza real, si la percibimos como tal, podemos reaccionar con miedo, ira o agresión.

Neotenia

Preferimos organismos con aspecto infantil (real o percibido). Sin embargo, un exceso de rasgos cuquis puede transmitir inseguridad, amenaza, ambigüedad y horror y, por lo tanto, rechazo.

Antropomorfismo

Atribuimos rasgos físicos, psicológicos o culturales a ciertos animales. En las sociedades más antrpocéntricas, empatizamos con los más antropomorfizables. Pero a veces el ego nos lleva a la antroponegación: nos cuesta aceptar que algunos, como los chimpancés, también pueden reírse y besarse.

Distancia taxonómica

Cuanto más próxima evolutivamente sea, mayor nivel de empatía y de compasión sentimos hacia ella, pues sus habilidades se parecen más a las nuestras.
Pero hay excepciones: el conocimiento previo sobre cada especie, los valores culturales y el antropomorfismo influyen tanto que un roble puede percibirse mucho mejor que una garrapata, aunque ni siquiera sea un animal.

¿QUÉ ESPECIE ES?

Seguro que si mi logo hubiera sido un león, lo reconocerías. Pero no, no lo es. Es una especie más extraña, pero mucho más cercana, que tal vez hayas visto sobrevolando los campos o las montañas. Aunque, quizás, a partir de ahora te fijes mucho más que antes 😉

Las historias que no se escuchan

Si algo define a este sistema capitalista antropárquico es que, además de aniquilar la biodiversidad de la que no sentimos formar parte, también aniquilamos la propia diversidad humana. Las culturas más cercanas a la Naturaleza quedan marginadas y masacradas y, con ellas, siglos de transmisión de formas alternativas de relacionarnos con la Tierra. Los animales nohumanos conforman innumerables simbologías, cuentos y representaciones sociales dispersas y vulnerables a nuestra acción etnocéntrica. Y, sin ánimo de romantizarlas, puesto que también hay prácticas y creencias muy dañinas, silenciar este gran abanico de mente colectiva, para mí, no debería ser una opción.

Acompañar las ilustraciones con sus historias y tradiciones es recuperar críticamente la relación que los pueblos y las tribus tenían antes de que las ciudades occidentalizadas los callaran. Es no dejar que haya un único (y dañino) discurso.

¡Aún estamos trabajando en este apartado!